Sí. Los planes Pro y Max se facturan mensualmente, sin compromiso anual que romper. La cancelación se hace de forma autónoma desde los ajustes de facturación, sin llamadas ni justificaciones que dar, y surte efecto al final del periodo ya pagado: el acceso no se corta a mitad de un mes abonado. El código de las aplicaciones ya generadas sigue siendo exportable independientemente de la suscripción.
Por qué surge esta pregunta
El software de gestión tiene una reputación bien ganada de compromisos largos: un contrato anual firmado para conseguir un precio decente, un preaviso de cancelación que respetar, o una renovación tácita descubierta justo cuando se quiere salir. La duda es legítima antes de confiar la gestión de una actividad a una herramienta nueva.
La pregunta merece una respuesta precisa en lugar de una promesa vaga: qué queda comprometido, durante cuánto tiempo, y qué hace falta para detenerlo.
Lo que existe realmente
Los planes Descubrimiento (0 €), Pro (25 €/mes) y Max (149 €/mes) se facturan al mes. Hoy no existe un plan anual: por tanto no hay nada que romper antes de tiempo, ni penalización de salida anticipada que negociar.
La cancelación se hace desde los ajustes de facturación de la cuenta, de forma autónoma: sin correo que enviar, sin conversación para justificar la salida. Surte efecto al final del periodo en curso, el ya pagado — el acceso no se corta de inmediato a mitad de un mes abonado, y no se factura nada más allá de esa fecha.
- Planes mensuales, sin compromiso anual
- Cancelación autónoma, sin necesidad de justificarla
- Efecto al final del periodo ya pagado, nunca un corte inmediato
- Sin penalización de salida anticipada
Lo que queda tras cancelar
El código de cada aplicación ya generada es exportable en ZIP o enviado a un repositorio de GitHub, independientemente del estado de la suscripción: no es un acceso alquilado que desaparece al cancelar, sino código que ya ha cambiado de manos.
Lo que se detiene al cancelar es la capacidad de lanzar NUEVAS generaciones, no la propiedad de lo ya producido. Es la misma lógica de « ser propietario del código » aplicada a la salida: no cuesta nada más que renunciar a producir más.